Siento un inexplicable apego hacia Cuba, a su forma de entender la vida, al sufrimiento que padecen. No puedo evitar conmoverme (y nada más puedo hacer) cuando me entero de alguna nueva encarcelación o medida represora de la dictadura castrista.
Gracias a
Solidaridad Española con Cuba he conocido
Flamur (Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales), un proyecto que intenta promover el desarrollo de las mujeres cubanas dedicadas al sector agrícola y ganadero. En la web tienen
un vídeo que sólo puede dejar indiferente a un completo insensible. Esas mujeres intentan sobrevivir con lo poquísimo que los canallas castristas les permiten. Sus condiciones, no hay más que verlo, son paupérrimas, pero en los ojos y en las voces no les falta esa entrañable ilusión cubana, ese ímpetu que los hace tan grandes y que los convertirá en la envidia del mundo cuando consigan sacudirse la tiranía que los azota desde hace tantas décadas.
Por desgracia, ya han sido amenazadas. Era cuestión de tiempo que la dictadura les apretara las tuercas. Varios miembros de Flamur han sido amenazadas por los sicarios de la dictadura con la cárcel, donde perfectamente pueden pudrirse si no las matan primero. Tengo varias fotos de esas mujeres heroicas. Sé que la mayor parte de mi entorno está sensibilizado con la tragedia de Cuba. Pero no sé si usted, lector anónimo, ha probado a aguantarle la mirada a estas personas admirables. Inténtelo, no pierde nada. Mírelas a los ojos durante unos minutos, no aparte la vista. Cuando lleve así un rato, piense que usted podría ser ella, y entonces no tendría forma de volver al otro lado del cristal.
BELINDA SALAS
KATIA SONIA MARTÍN