¿Es criticable prostituir el cuerpo? ¿Y el alma? Yo veo peor lo segundo. Una gran parte de España piensa lo contrario.
Con gusto me cuento entre las personas que no ven Gran Hermano ni sucedáneos, y también entre los que no critican a quienes disfrutan con estos programas. Por lo que sé, su gracia consiste en seguir, vía televisión, la vida en grupo de una serie de individuos cuidadosamente seleccionados entre numerosísimos candidatos. Una vez que entran en el recinto vigilado sin descanso por un circuito abierto de cámaras, pasan de ser individuos a especímenes y da comienzo un gran experimento psicológico que también incluye a los telespectadores (lo cual pasa totalmente desapercibido). Dichos espectadores juzgan lo superficial, aunque creen estar llegando a la esencia vital de los personajes mediante complejas reflexiones sociológicas. Se les escapa el asunto principal, es decir, el hecho en sí de que una serie de personas desnuden su alma en público (todas feísimas, dicho sea de paso).
En realidad, a mí no me importa que se ejerza la prostitución del alma. Lo que me molesta es que se critique la prostitución de la carne, mucho más inocua y sensual. Cuando se descubre que una mujer famosa ha ejercido la prostitución alguna vez, su imagen se machaca en público. Es una lapidación dialéctica y moral.
Pero, sobre todo, tiene que ser una mujer, y por eso lo he recalcado antes. Si Dinio se acuesta con ancianas a cambio de dinero (práctica que, en mi ciudad, se conoce como chapero), nadie se alarma. Al contrario, Dinio es un machote.
Esta doble moral indica que vivimos en una sociedad instintiva, muy irracional y desquiciada. Aunque quizá estoy equivocado y es peor prostituir el cuerpo que el alma. No sé, también puede tratarse de tabúes heredados. Porque los marineros y los agricultores, por ejemplo, acaban con las manos hechas polvo; o sea que usan su cuerpo para trabajar y, además, lo desgastan. ¿Por qué es lícito trabajar con las manos y no con los genitales?
Es cierto, debo reconocer que la prostitución conlleva problemas muy diversos, como las mafias de trata de blancas, los abusos y malos tratos... Pero, primero, esto sucede porque no es una profesión regulada y, segundo, porque aun eliminando esa barrera, la prostitución seguría siendo considerada una práctica poco honorable.
Es difícil acabar con la hipocresía, pero aún más con el absurdo. Pronto se practicará la prostitución carnal en programas tipo Gran Hermano. Pero se camuflará de espontaneidad y el público aplaudirá al artista invitado y a su anfitriona.
Básicamente de acuerdo (ya ves, me va la marcha), excepto en un punto, y ya sabes cual: el de las mafias.
Tú dices: la prostitución conlleva problemas muy diversos, como las mafias de trata de blancas, los abusos y malos tratos... Pero, primero, esto sucede porque no es una profesión regulada y, segundo, porque aun eliminando esa barrera, la prostitución seguría siendo considerada una práctica poco honorable.
Y no creo que las mafias sean consecuencia de que la actividad sea ilegal o inmoral. Creo que es una consecuencia del exceso de demanda y de la falta de oferta. Aún siendo legal y no considerándose inmoral, no creo que hubieran suficientes mujeres dispuestas a ejercer ése trabajo para cubrir la demanda. Y de ahí la necesidad de las mafias para aumentar la oferta de cuerpos.
Para saber si estamos en lo correcto o no, sólo tenemos dos vías:
a) Observar otros negocios y considerar si su estatus de legalidad impide la existencia de mafias. Por ejemplo, ¿hay mafia en la venta de vídeo-consolas? Si la hay, es mínima, porque nunca lo he oído. Ten en cuenta que el pirateo no tiene nada que ver con su distribución, así que no cuenta.
b) Legalizar la prostitución y ver qué pasa. En mi opinión, la situación mejoraría muchísimo. Y con acuerdos internacionales (que no llegarán porque, desgraciamente, los países tienen otras prioridades) se conseguría acorralar a las mafias de forma casi total.
En cuanto al número de mujeres dispuestas, todo depende de lo que se cobrara una vez legalizado (más que ahora, sin duda).