Atareq Texto pequeñoTexto medianoTexto grande
Ocultar
Hasta ahora, analfabeto era, exclusivamente, aquel que no sabía leer y, por tanto, tampoco escribir. La era de la información nos trae una nueva forma de analfabetismo: el tecnológico.

Una persona puede no saber mucho sobre un tema concreto, y no por ello es un analfabeto sino un profano. Esto se debe a que, por lo general, tales conocimientos son prescindibles. En cambio, leer y escribir son habilidades necesarias para sobrevivir en el mundo moderno.

Con la tecnología está sucediendo precisamente eso: ya es casi tan necesaria en nuestras vidas como la lectura y la escritura. Por ejemplo, casi ningún habitante de una ciudad desarrollada lava a mano, y ya nadie busca al chico del periódico para conocer las noticias de última hora (ellos nos buscan a nosotros cada mañana). Y estos ejemplos sólo se refieren a tecnologías tradicionales. ¿Qué hay de las tecnologías de la información, concretamente Internet y los móviles?

Para manejarse en Internet, hay que conocer mínimamente el funcionamiento de un ordenador. He aquí un primer nivel de tecnoanalfabetismo, que es a su vez una barrera para muchos usuarios. La gente no tiene tiempo ni ganas de aprender complejos procesos para manejar un ordenador. (De ahí procede, a grandes rasgos, el éxito de Microsoft: hacer la informática más fácil.)

El segundo nivel de tecnoanalfabetismo, una vez superado el manejo del ordenador, es el conocimiento de Internet. Alguien con experiencia en la Red puede hacer muchas cosas sin moverse de un sitio. Por ejemplo, ver la televisión, escuchar la radio, leer la prensa, hablar con otra persona en tiempo real, buscar trabajo, enviar y recibir correo de forma inmediata, operar con cuentas bancarias, recargar el saldo del móvil, hacer la compra mensual, seleccionar y comprar entradas para casi cualquier espectáculo, obtener información sobre restaurantes, bares y pubs, reservar un billete de tren o avión y una habitación de hotel, consultar una ruta por carretera, informarse del clima en cualquier parte del mundo, consultar enciclopedias... Estos conocimientos, en conjunto, establecerán una clara diferencia entre quien los domine y quien no, tanto en el mundo laboral, como en la vida cotidiana.

De todas formas no hay que alarmarse. Para empezar, tecnoanalfabetos somos casi todos, ya que las tecnologías de la información están evolucionando constantemente; además, hay tanta diversidad que es necesario especializarse. En segundo lugar, todavía estamos en un período de transición o adaptación en el que difícilmente vamos a necesitar ser expertos en las nuevas tecnologías para desenvolvernos. Por último, la llamada usabilidad de las tecnologías es cada vez mayor, resultando así aplicaciones e interfaces más cómodos y fáciles de manejar.

No somos estúpidos si no tenemos lo último en portátiles o en PDA's. Tampoco lo somos si desconocemos esos términos. Lo que importa en esta carrera es la voluntad de aprender y, si cabe, una mínima fascinación por el hecho de que hay herramientas que resuelven muchas tareas complejas y facilitan muchas otras. Claro que esto no es nuevo y lleva sucediendo desde el principio de los tiempos, ya que, como dijo Ortega y Gasset, "el hombre empieza cuando empieza la técnica". El ejemplo más claro es la imprenta. Actualmente, la mayoría desconocemos cómo funciona realmente una imprenta y, salvo que nos dediquemos a ello o seamos muy curiosos, de poco nos sirve ese conocimiento. No obstante, hemos asumido su aplicación práctica como algo normal en nuestras vidas. Sólo fracasaron quienes se negaron frontalmente a ese ingenio, y sólo fracasarán quienes se nieguen a aceptar las tecnologías de la información. Como decía, no hay que alarmarse, pero tampoco podemos dormirnos en los laureles.
Atareq, 29/AGO/2005 (en Nuevas tecnologías)
Corregido por Atareq. Última revisión a las 13:36 del 30/AGO/2005
Imprime el artículoEnvíaselo a un amigoEnvíalo a del.icio.usMenéalo en MenéameEnvíalo a FURLEnvíalo a DiggEnvíalo a Reddit
Publicar un comentario
Nombre:
Sitio web:
Correo-e: