Atareq
5 anteriores >>

Creo que esta polémica puede ser interesante.
Atareq, 14/ENE/2009 (en Religión)
Corregido por Atareq. Última revisión a las 03:08 del 12/NOV/2009
Comentarios
Imprime el artículoEnvíaselo a un amigoEnvíalo a del.icio.usMenéalo en MenéameEnvíalo a FURLEnvíalo a DiggEnvíalo a Reddit

Enric Sopena, en el programa La Noria, de Telecinco, ha dicho más o menos lo siguiente:

  • Jesucristo nació el 25 de diciembre y nació donde nació.

  • Los Apóstoles eran cuatro desgraciados.

  • Jesucristo estaba en contra de los ricos y los poderosos.

  • Probablemente Jesucristo no nació el 25 de diciembre.

  • San Mateo era publicano, es decir, recaudador de impuestos, lo cual implicaba cierto estatus social.

  • San Pedro y San Andrés no eran pescadores pobres; es posible que fueran dueños de una flota de barcas.

  • Puede que San José, el padre de Jesucristo, tampoco fuera carpintero, sino que pudo haber tenido un importante negocio como armador de barcos.

  • Muchos de los amigos de Jesucristo eran ricos: Lázaro y sus hermanas, Marta y María, lo eran. También Nicodemo y José de Arimatea, que tenía tumba propia.
Es abrumador el rigor de periodistas como Sopena. ¿Estará bautizado? ¿Lo estarán sus hijos?
De niño creía (con otras palabras, por supuesto) que la fe era un estado de conciencia invariable, una seguridad absoluta y sin fisuras en algo, normalmente en Dios. Con el tiempo, mis reflexiones personales y las conversaciones con creyentes y sacerdotes, me hicieron cambiar de opinión. La fe no es invariable. De hecho, debe flaquear para poder existir; si no, sería imposible distinguirla del escepticismo. Creo que nunca he tenido fe en Dios porque la duda siempre está presente. Dios es inconmensurable, inconcebible, y yo no creo en aquello que no puedo entender. Sin embargo, mi inquietud me ha permitido entender la profundidad de ese enigmático sentimiento humano.

Por todo ello, me resulta muy curioso el enfoque que muchos medios le han dado a la recién descubierta crisis de fe de la Madre Teresa de Calcuta. Según El País, "Teresa de Calcuta perdió la fe". Lo cual no es falso, pero sí incompleto. Puede que la perdiera para poder recuperarla con más fuerza. Puede que su confianza en Dios flaqueara, pero nunca desapareció. Su ejemplo de humanidad, de bondad infinita, de generosidad sin límites, de compasión cristiana, de amor sin reservas hacia el prójimo, ¿no son una prueba de la fe más inquebrantable?
Ayer estuve reflexionando sobre las enseñanzas de algunos de los
grandes maestros espirituales de la Humanidad, y saqué algunas
conclusiones que quiero compartir con vosotros.

En primer lugar, hay un problema con los caminos que marcan doctrinas
como, por ejemplo, la budista o la cristiana: ¿Cómo sabemos que ése es
el camino verdadero? ¿Qué pruebas tenemos de ello? Normalmente, estos maestros se han servido de los milagros para acentuar su distinción
del resto de seres humanos. Supongamos que los milagros sucedieron.
Bien, éstos cumplieron su función con los contemporáneos de los
maestros, pero los siglos y el escepticismo hacen dudar de su
veracidad. Actualmente, que Jesucristo duplicara panes y peces, que
caminara sobre el agua o que curase la ceguera, suena mitológico o
alegórico. En cualquier caso, no cumple la función de asombro místico
que disiparía cualquier duda de que el maestro en cuestión es un ser
superior cuya iluminación espiritual es digna de ser seguida.

El segundo problema es la propia naturaleza humana. El budismo está
tan alejado de nuestra esencia que parece totalmente inalcanzable. El
cristianismo, más humanizado, nos propone un camino de amor
desinteresado, de perdón incondicional, de generosidad y altruísmo
infinitos. No está mal, pero también es un camino imposible. Para
llevar a cabo esas exigencias, habría que ser un santo. En otro caso,
se puede intentar cumplirlas siempre que sea posible. Pero el amor al
prójimo, por ser amor, pertenece al terreno emocional, de modo que no
puede modelarse ni someterse a reglas racionales. Yo puedo tener un
gran espíritu conciliador, creer profundamente en la paz, convencerme
de que debo amar y respetar a los demás... Pero siempre habrá una
situación que rebase mis límites, y entonces ninguna enseñanza
espiritual me servirá para nada.

Estos problemas podrían hacer pensar que los maestros no eran tan sabios como para prevenirlos. No obstante, es posible que parte de su mensaje se haya perdido, o que no hayamos sabido entenderlo. Por tanto, seremos más sabios si empezamos suponiendo que el error es nuestro. Lo cual, sin embargo, no soluciona los problemas. Así, para evitar el primero, creo que las enseñanzas espirituales deben ser renovadas para evitar que el Tiempo las desgaste y las haga parecer inverosímiles. Los cristianos gnósticos, por ejemplo, solían reescribir sus evangelios para adaptarlos a las nuevas circunstancias. Para evitar el segundo problema, las religiones y doctrinas espirituales deberían limitarse a normas morales sencillas, independientes de épocas y regiones, y, sobre todo, adaptadas a la naturaleza humana, y no al revés.

Es posible que mis soluciones no sirvan. Pero teniendo a nuestro alcance una sabiduría tan profunda o, al menos, tan interesante, ¿no sería un grave error desperdiciarla dejando que el polvo de la antigüedad las consumiera?

Creer es un acto libre como tantos otros. Es, de hecho, un acto necesario, ya que, para sobrevivir, debemos confiar en la autenticidad de nuestras percepciones. Hoy en día, sin embargo, se denosta la creencia espiritual. ¿Qué diferencia hay entre creer que existen el monitor del ordenador, estas palabras y la persona que las escribe, y creer que existe Dios?
Atareq, 27/OCT/2005 (en Religión)
Corregido por Atareq. Última revisión a las 03:13 del 12/NOV/2009
Comentarios
Imprime el artículoEnvíaselo a un amigoEnvíalo a del.icio.usMenéalo en MenéameEnvíalo a FURLEnvíalo a DiggEnvíalo a Reddit
5 anteriores >>